Ven, ven a mi casa, te estaba esperando durmiendo en pijama, quitate la camiseta, yo haré lo mismo, ven a mi cama, cabemos perfectamente, mirame... Y ahora calla.
...
¿Notas la textura del silencio? ¿De solo observar? Y querer ser observado, ni si quiera de besar, solo imaginarte la profundidad de sus ojos y ver como el brillo de estos hacen que te reflejes y veas que tienes esa misma cara que él... Y que después de un rato, solo quieras que te estreche entre sus brazos grandes y sentirte pequeña pero segura y tranquila.
Tocale la cara, nota la textura, la suavidad que se resbala por tus dedos. Lo guapo que es, no tiene otro punto de comparación.
Vuelve a sus ojos y piérdete en el color que tu imaginación puede llegar a alcanzar, pensar que en tu mundo necesitas ese color para alcanzar la
felicidad absoluta.
Pensar y pensar... llegados a este punto, sólo puedo proponerme sobreponerme a mi esclavitud mental.
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